jueves, 31 de mayo de 2018

Camino interior

En la tarde de ayer, Juan Ramón González Ortiz compartió con nosotros parte de la sabiduría conseguida a lo largo de décadas de profundización en el sentido y en la práctica de las artes marciales.
Tras recibirnos con una adecuada ambientación (música, incienso, iconos, catanas, etc), nos explicó el sentido de cada uno de dichos elementos en la cultura oriental, fundamentalmente japonesa.
Conocimos cómo el virtuosismo en el combate alcanzado por los guerreros samurai se fundamentaba en tres fases. Primera, reconocer el Hara o centro vital, dirigiendo toda atención a nuestro interior. Segunda, canalizar el Ki, la energía, desde el Hara. Tercera, acceder a la conciencia plena, capaz de anticipar las situaciones. El objetivo es un estado de iluminación donde el cuerpo actúe en unidad con la mente.
Ese proceso de conocimiento que lleva a la perfección se ha aplicado a otras disciplinas de combate (tiro con arco, kungfu, etc), pero también a actividades civiles cotidianas: la caligrafía (shodo), el arreglo floral (ikebana), la ceremonia del té (chanoyu), etc.
En el posterior coloquio, quedó de relieve la perversión de estos principios tradicionales en la extendida comercialización de las artes marciales.
Agradecemos a Juan Ramón su generosa y entusiasta aportación.

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